A pesar de mi resistencia a leer a Truman Capote lo he conseguido. Era absurdo, lo sé, ahora claro. A toro pasado. Porque he disfrutado de una buena lectura veraniega volviendo a la adolescencia.
Me gusta cómo describe a los personajes, sus características físicas entrelazadas con un poso amargo de soledad e impotencia por el paso irrecuperable del tiempo. Encajados en un ambiente americano muy típico rodeado de mucho verdor y claro, mucha hierba aunque curiosamente roja.