Como el paso final de un diplodócus mi bolsa se deja caer. La casa es lúgubre. Tiene una persiana a modo de cochera para acceder a la entrada. En verano debe ser muy fresca. La americana me mira un poco perpleja. Esto si que es una regresión. Los muebles son años 70 pero de los propios años 70. El comedor está sombrío, nadie se atreve a levantar la persiana de madera. Al final del pasillo hay un espejo de cuerpo entero para cuerpos no muy grandes, de juguete para lo cual algunas de nosotras no van a tener problemas no así el dueño de la casa que es Gulliver en la casa de Liliput, más tarde nos explica que esta piso lo tiene desde que era pequeño y que ahora a su hija le gusta más que el otro que tiene porque es como estar en una casa de muñecas.

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