Si fuera pez querría vivir en el portús. Siendo libre cerca de la costa. Pero hoy ¡qué mala suerte¡ una majestuosa dorada ha caído en las redes de dos asaltadores que tenían puestas sus cañas en la orilla de la playa.Ibamos caminando sobre las piedras cuando me dices: ¡para¡ van a sacar algo, y gordo.
Pensé que pudiera ser una morena como ya ha ocurrido en otras ocasiones pero no; el más gordiflón de los pescadores hace fuerza con la caña, está asustado, llama al buzo que contempla la escena sentado en una roca cercana, el cual, sin mucho entusiasmo hasta que no se cerciora de que reluce el cadáver no se mueve de su asiento y le increpa:- si lo tienes “al laíco”. Es entonces cuando se acerca y todos los demás curiosones que por allí circulamos. Hay una dorada brillante,
espectacular que yace en la arena, De pronto se revuelve sobre sí misma con una fuerza impresionante, abre una boca gigantesca; nos está pidiendo auxilio. Yo en mi cobardía la contemplo agonizar
-Menudo susto el bicho si voy nadando- se dirige en un amago de empatía la otra pescadera.
En ese momento hubiera cogido el anzuelo, y como fuera, lo habría alejado del pobre animal, y lanzaría a la dorada más grande que jamás he visto al grito de :”se libre”
Pero me quedo mirando, embobada y ya parece que no respira.

Q pena, un animal asi, y esa mirada que pedia auxilio, pero la cosas son como son....