Tomamos refugio en la iglesia cercana al hotelito con encanto. Esa tarde debía de estar poseída por el demonio porque no aguantaba más de diez minutos dentro de una capilla. Cuando llevo cinco me falta el oxígeno, los santos cobran vida y la cerúlea cara de la virgen me solicita auxilio con las palmas de las manos extendidas y húmedas. Sigue lloviendo chirimiri.
Hay dos personas dentro. Una está plácidamente sentada cercana al altar, la otra es una viuda en vida que comienza a rezar el rosario.
Antonio y Elena se han sentado en los bancos del final más apartados. Yo me he refugiado de la lluvia en el portal, cuando una persona asiática vestida con una gigantesca bolsa de basura negra se me acerca y me pregunta algo, no la entiendo. Se introduce en la iglesia derecha a ti. Veo que te hace una reverencia y te consulta algo, le das largas.
-Dios te salve María llena eres de gracia- recita la viuda con inusual alegria
- y bendita tu eres entre todas las mujeres- sigue con un ritmo cadencioso casi pegadizo le falta decir
“yeeeepa”.
Conduces a la despistada asiática a la calle y le señalas a lo loco:”por allí todo recto”. Se marcha la bolsa de basura andante:-Qué plasta la he enviado a no sé donde.
-Dios te salve María llena eres de gracia- sigue recitando la desamparada con inusitado gozo
- y bendita tu eres entre todas las mujeres- Antonio y Elena se han quedado prendados de la chispa de la abueleta podría muy bien aparecer en una película americana tipo gospel.


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