Vale, dejaré un margen. Mi nueva monitora de aerobic se está haciendo con la situación. El viernes pasado que fuimos cuatro gatos, tuvo la feliz idea de “bailar hip-hop”. En principio la ocurrencia es atractiva. Solamente concursaría en Mira quién baila para aprender un poco. Quizá sea un pelín macarra lo reconozco pero tengo que decir a mi favor que nunca me gustó el break dance.

Comienza la música. Ella está en el centro frente al espejo muy cerca de su figura esbelta. La melena abundante le cae bastante más abajo de los hombros y la lleva recogida con dos pinzas a los lados.

He procurado no ponerme cerca.
Comienza a explicarnos los primeros compases. Consisten en lo mismo que el aerobic pero sin gracia. Como el grupo el tricicle cuando cantaba por Julio Iglesias
me gustan las mujeres me gusta el vino.
En un momento dado la cosa se complica, entonces pone más brio, pero luego recuerda que debe mantenerse la cabellera sin lavar y vuelve a su anterior languidez:
por eso para olvidarlas
bebo y olvido.