-Ehhhh- ¡hola Princesa!-
-¿Te has levantado ya?. Te llamo para decirte que enfrente de donde papá desayuna hay una zapatería muuuuuy cara que está de liquidación-
ojos de besugo mirando al infinito, se supone que otra voz responde al otro lado del hilo telefónico.
-Son preciosísimos, de la muerte- y su voz se queda flotando en el ambiente
Ponds que está con la de la Aparecida me mira y yo no puedo evitar troncharme, la pantalla del ordenador me sirve de escudo anti plasta.
-Será que no conoces el paño- le dice la Aparecida a la Ponds
Da lo mismo que sea en una playa remota. Con lancha se llega a todos los lugares. Está uno tan agustico en la playa tumbado y viene a pertubar la paz un punto que poco a poco se acerca a la orilla. Contemplo horrorizada que hay un gorro de baño entre las olas con lo que eso conlleva. Por lo menos son seis en una lancha no demasiado grande y ellos si que están orondos.
Para nuestra sorpresa llegan casi hasta la orilla. Hay algún que otro bañista que huye despavorido. Cómo no el patrón del yate cubata en mano mira desafiante al resto de mortales que no podemos deslizarnos sobre las aguas. Se zambullen desde el barco una muchacha y su acompañante a pique de romperse la crisma contra las piedras porque ¡oh sorpresa la playa es de piedras¡
Tanto barquichuelo y vienen a retozar a la orilla.
El dueño del "brivón" le guiña el ojo a las mozetuelas que tenemos al lado tomando el sol tardío. Hace aspavientos y monerías "Venirse con nosotros a dar una vuelta" con su mejor sonrisa barriga al aire.
-Van fumados- me comentas
-Espera que todavía hacen un trompo antes de irse- .
Vuelven a insirtir y para impresionar a las chicas colocan el barco justo delante suya a lo que ellas le contestan con un no gracias.
-Vámonos al chiringuito- Se le oye a lo lejos junto con música cuarenta principales a todo trapo.
Y entonces el capitán del barco sin que se le mueva el vaso le da para atrás y luego le mete puño al barco cumpliendo con el prometido trompo.
Si hubiera observado un poco me habría dado cuenta de que, cinco segundos antes, esa misma persona había cruzado por esa acera.
El calor es pegajoso, agobiante, hace mucha humedad. Es mediodía. El sol está de frente y cae como un muro sobre la vista; entorno los ojos para ver unas siluetas aparecer entre la claridad como fantasmas liberados.
Noto que llevo la espalda mojada, una gota de sudor me resbala por el cuello. Camino con paso lento, lento, a cámara lenta para ahorrar energía como los hipopótamos sólo que no me voy a refugiar en el río sino en el aire acondicionado más próximo que resulta se de unos almacenes del textil con ropa chillona de colores fosforitos y con tallas para enanitos, una dependienta salida de ultratumba, mascando chicle, se ofrece solícita en mi ayuda, por si me interesa algo, le respondo que no que ya le buscaré si acaso.
Entonces sigo recorriendo la tienda sin esperanza de encontrar nada para mí. La dependienta de largas pestañas postizas me despide con un lánguido adiós y continúo mi paseo.
Vuelve a estar todo patas arriba son las obras del verano, con su ruido intermitente. Esa cara.... esa cara me suena tannnnto... Es increíble como funciona todo cada día, con un perfecto engranaje suizo. La chica de los auriculares no va por donde suele ir, canturrenado sino unos metros más alante, el vendedor de lotería continúa en su esquina y pone la radio más fuerte por las obras ya se sabe. Este hombre tan rato, el del polo azul marino, la cara embadurnada de polvos de talco ahí viene ... si por donde siempre . Quizás me dejo...
Si hubiera observado un poco me habría dado cuenta de que, cinco segundos antes, esa misma persona gabía cruzado por esa acera.
Voy apuntando en mi diario los días trabajados para la admón como si fueran una condena... que está mas cerca de la perpetua.
Es una libretilla azul con arillos y en la parte posterior de la libreta viene el escudo de España junto al Ministerio de Educación y Ciencia.
Llevo anotados los días desde marzo del año pasado y esto parece un bucle en el tiempo, girando girando girando.
Éste es el título de la novela de Mark Twain. Lo que más me ha gustado es su vocabulario tiene unas palabras muy salerosas. Como clásico no tiene desperdicio, aunque el argumento sea un poco simplón y se sepa desde el principio quién acaba con quién.
Con frases largas y muy bien hilvanadas, no le sobra un adjetivo. "Baraunda", "que me aspen", "cháchara",
la función primordial de un periódico inglés es la misma que la de todos los periódicos del mundo: mantener el ojo público fijado amirativamente en ciertos asuntos y diligentemente distraído en otros
A pesar de mi resistencia a leer a Truman Capote lo he conseguido. Era absurdo, lo sé, ahora claro. A toro pasado. Porque he disfrutado de una buena lectura veraniega volviendo a la adolescencia.
Me gusta cómo describe a los personajes, sus características físicas entrelazadas con un poso amargo de soledad e impotencia por el paso irrecuperable del tiempo. Encajados en un ambiente americano muy típico rodeado de mucho verdor y claro, mucha hierba aunque curiosamente roja.